“El modelo cruceño no le debe nada a nadie”
Ximena Soruco Sologuren Fundación Tierra
Una línea de interpretación histórica del desarrollo en Santa Cruz es la robinsoneada de la región aislada y virgen (la isla desierta de Robinson Crusoe) que un puñado de empresarios conquista y desarrolla hasta lograr la pujante economía regional de hoy.
La consecuencia inmediata es que si este “modelo cruceño” no le debe nada a nadie, ¿por qué su propuesta autonómica contemplaría a alguien más que al bravío empresario?, ¿por qué tener responsabilidad hacia alguien distinto de sí mismo?
Esta historia de héroes por supuesto calla la violencia que la epopeya costó: la matanza de guaraníes, guarayos, chiquitanos, etc., durante el siglo XX y la violencia diaria de quien hoy peca de crítico y es declarado traidor.
Pero en la vida real no hay Robinson produciéndose a sí mismo y a su mundo, esta teología de generación espontánea es ahistórica. Santa Cruz inicia su desarrollo económico a partir de la Revolución de 1952 y no es casual.
El Plan Bohan de 1942, elaborado por un funcionario estadounidense, ya había recomendado al Estado crear una burguesía agroindustrial para sustituir las divisas mineras, importar maquinaria y no alimentos. ¿Por qué no se lleva adelante este plan inmediatamente? Se requerirá como condición fundamental liberar mano de obra de las haciendas de occidente para desplazarlas al oriente.
Santa Cruz y la burguesía boliviana asentada allá necesitará del Estado de 1952 para levantar este “modelo económico”, y más que eso, necesitará del trabajo de asalariados, pequeños productores cruceños y colonizadores y aún de servidumbre indígena. La ganancia no brota naturalmente de la soya, surge del trabajo humano sobre la tierra.
Si tenemos un Estado que desde 1952 hasta el 2005 sienta las bases de este desarrollo económico, a través de colonización, infraestructura caminera, créditos condonados, tierra, subvenciones, convenios internacionales, etc., que no niegan pero sí articulan el dinamismo de un sector empresarial, ¿por qué no pedir hoy una autonomía con responsabilidad para la población regional y nacional?
No se trata del “pago de una deuda”, eso sería aún una lógica instrumental, la historia hecha contabilidad; se trata más bien de crear un modelo económico donde todos puedan caber, donde productores y consumidores puedan vivir bien y desarrollarse. Sería un error histórico cruceñizar así a Bolivia, cuando hoy es vital bolivianizar a la élite asentada en Santa Cruz.
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