En el Beni la mentira autonomista quedó en evidencia. En realidad lo que el prefecto Ernesto Suárez Sattori y sus acólitos dejaron advertir es que no quieren a nadie cerca de su estancia. Al menos ésa es la explicación que se puede ensayar tras la visita del presidente Evo Morales y su gabinete itinerante a la capital beniana.
Lo de los hacendados y caciques que colocan alambradas a sus propiedades no es cosa nueva ni extraña por estas tierras orientales, finalmente, es cierto que el hambre de pasto de las vacas no discrimina entre una estancia y otra.
Como lo anterior, tampoco es nuevo ni extraño que los dueños de vidas y haciendas de estos sitios jamás hayan buscado una verdadera integración de sus pueblos al resto de la sociedad, porque allí donde son amos y señores el atraso y el sometimiento basta y sobra.
El Presidente de la República, Evo Morales Ayma, tras su visita a Trinidad señaló que la actitud de Suárez Sattori y de quienes están detrás de él no sólo dejó al descubierto una actitud discriminadora y racista contra el Primer Mandatario, sino que allí está aún fuertemente afincada una visión colonial del poder local.
"Ahora me doy cuenta por qué están atrasados muchos pueblos, porque hay gente interesada en que continúe en esa condición", dijo el presidente Morales tras evaluar el trabajo que realizó junto a sus ministros en Cobija y luego en Trinidad.
A pesar del boicot, Morales y sus ministros tuvieron éxito. Quienes, en especial desde Trinidad criticaron histriónicamente, con o sin razón, el centralismo secante que gobernó Bolivia durante su vida republicana, hoy impiden que el gobierno nacional llegue a sus regiones.
El gabinete itinerante desenmascaró a los autonomistas benianos que no dudaron en utilizar la mentira y la amenaza contra su propia población. Dirigentes cívicos en Trinidad advertían, sin empacho alguno, que Morales y sus ministros llegaban para "quitarles la mochila autonómica" que la Prefectura entrega a los niños benianos.
El descontrol se apoderó de las élites de hacendados y potreros que no dudaron en amplificar sus delirios.
Entre tanto el gobierno denunció que se estaba utilizando la desinformación para generar un clima adverso ante su llegada. Y así era, pues a los empleados del prefecto beniano poco les faltó para embarcar a los niños monte adentro para salvarlos del Presidente de Bolivia.
Los autonomistas intentaron articular argumentos de dignidad y soberanía sobre sus haciendas bajo el fantasma de un supuesto asentamiento militar venezolano en tierra beniana. Mentira.
Los caciques locales
Estudiosos del tema de la descentralización y de los procesos autonómicos, muchos de ellos orientales por cierto, reconocen muy a pesar de ellos mismos que aquel proceso que reivindica la profundización de la descentralización administrativa, y la construcción de una efectiva descentralización política (departamental) finalmente refuerza, empodera dirían los expertos, a las élites locales, que no son malas en sí mismas, sino que por lo general e históricamente están ligadas a intereses económicos y empresariales nítidamente identificados.
Ese es el caso de los autonomistas orientales, cuyos nombres están ligados a la gran empresa agroindustrial y ganadera y en muchos casos a los grandes negocios que derivan del tráfico de tierras. Es más, aquellas élites llegaron a ser tales gracias al Estado centralista que engordó sus chequeras.
Pero ahí no queda la cosa de los autonomistas que, en el caso del prefecto beniano se mostró tal y cual es. Antecedentes familiares de Suárez Sattori lo ligan a la dictadura del general Luis García Meza, hoy preso en Chonchocoro por los delitos de lesa humanidad. Quizás eso explique también la falta absoluta de escrúpulo y de decencia de esa autoridad, pena, elegida por el voto de los benianos.
La visita del Presidente y del gabinete itinerante marcó un hito sin duda en la relación gobierno nacional y regiones. Por primera vez en la historia republicana, un Presidente de la República se traslada, junto a sus ministros, a sesionar en cada uno de los departamentos.
Primero fue Cobija, donde hubo una actitud diferente y matizada quizás por uno de los personajes de mayor fama de cacique que Suárez Sattori mismo. Leopoldo Fernández, un viejo adenista de tradición senatorial en Pando, fue al menos más inteligente y absolutamente más político que su correligionario beniano al mostrar un actitud concertadora y abierta al diálogo con el Primer Mandatario.
Esto permitió que el departamento de Pando se beneficiara con proyectos concretos y el Poder Ejecutivo canalice ayuda económica para 34 municipios del área rural.
El objetivo, dijo el mismo presidente Morales, es trabajar por la regiones y desburocratizar el Estado, llegando directamente a los municipios y a la población que requiere atención a sus demandas.