La teoría y práctica en la visión de Alvaro García Linera
Bolpress
(Prensa Podemos).- Si hay una persona en la que la teoría y la práctica han quedado totalmente divorciadas, esa es el vicepresidente Álvaro García Linera. Hubo una época en la que comenzó a vender su charque en un programa televisivo haciendo gala de un razonamiento absolutamente sistemático, sin concesión alguna a los desvaríos propios de gente hortera y chabacana, más dada a dejarse guiar por sus instintos y emociones.
El que resultó solícito comprador de ese charque fue el ahora presidente Evo Morales quien evidentemente requería un acompañante que le diera cierto barniz intelectual a su candidatura y por tanto optó por un k´ara de delicados ademanes.
Durante mucho tiempo García Linera fue visto como la eminencia gris del gobierno. Su recargado lenguaje le hizo acreedor de gran prestigio entre una ruda masa sin mayores inclinaciones al razonamiento científico.
Ahora está recurriendo a todo este bagaje y al parecer está dispuesto a asumir el lugar que le corresponde dentro de un esquema gubernamental plagado de cacicazgos.
Desde hace algunos días es el encargado de transmitir la posición del gobierno sobre temas álgidos y que requieren de una explicación más sistemática de la que podrían hacer el vocero o el propio Presidente de la República.
Hasta ahí todo parece coherente. Pero sucede que el vicepresidente García al hacer sus explicaciones se aleja ostensiblemente de todo esquema lógico, del cartesianismo del que pretende hacer gala en todo momento y de su racionalismo kantiano que le atrajo tantos admiradores.
Confunde la realidad con sus deseos, las causas con los efectos y diseña una visión de un país que muy poco tiene que ver con el que cotidianamente percibimos todos los bolivianos. Llama cambios a lo que no son más que burdos intentos para acomodar todo el andamiaje jurídico y político a las ambiciones cuasi-monárquicas del Presidente Morales y proclama que las reacciones ante estas intenciones son solo arrebatos de pequeños grupos oligárquicos y de derecha.
Evidentemente el vicepresidente García no está utilizando métodos ni mínimamente científicos de análisis de los procesos sociales, lo cual es lamentable para cualquier sociólogo que se precie de serlo. Y no se trata solo del uso de una terminología empalagosa, diseñada más para ocultar los hechos que para mostrarlos, sino primero, de percibir los hechos; luego analizarlos a la luz de sus causas para intentar definir sus efectos y finalmente, diseñar acciones políticas efectivas.
García Linera, se refiere en forma recurrente al "empate catastrófico", una situación política y social descrita por Antonio Gramsci en que "lo nuevo no puede nacer y lo viejo no puede morir". Esta misma situación fue definida por René Zavaleta como el "momento constitutivo".
Ahora bien, ocurre que esa definición no se ajusta para nada a lo que ocurre en Bolivia. El "cambio" no pasa de ser un cliché superficial diseñado con fines publicitarios pero cuyo real contenido político es fácilmente rebatible.
Y es que no se puede concebir que un país funcione a fuerza de slogans. El llamar "nacionalización" a una readecuación de los contratos con las empresas petroleras no cambia para nada la realidad de los hechos.
Tampoco los llamados a reformar un sistema judicial (que buena falta hace) dizque para evitar la corrupción cuando en realidad lo que se quiere es dar un poder omnímodo a una sola persona.
El incluir a todos los sectores sociales en la toma de decisiones es sin duda una tarea histórica pendiente pero ciertamente no se trata de incorporarlos a manera de comparsa, como un componente adicional de un proyecto destinado más a quitar derechos que a otorgarlos.
Estos son los elementos que debieran ser analizados en forma científica por el vicepresidente García, quien, como buen marxista, tendría que percatarse que la historia no la hacen las personas, independientemente de su mala o buena intención, sino que esta se desarrolla de acuerdo a condiciones objetivas y subjetivas las cuales deben ser valoradas adecuadamente sino se quiere correr el riesgo de perder la noción de la realidad.
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