Las izquierdas y los indigenistas
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La Razon
Christian Jiménez Kanahuaty
Todo el debate político que se avecina tendrá como clivajes esas dos categorías, lo indígena y la ideología de izquierda. Y se englobaran ambas como si fueran uniformes y cerradas; cuando lo cierto es que dentro de la izquierda hay facciones que apuestan a distintos proyectos políticos, y dentro del polo indigenista también se gestan diferentes formas de percibir el mundo, la cultura y la economía, están desde los que creen en la interculturalidad y la posibilidad de un diálogo cultural, hasta los que creen en la fuerza del partido indígena como mecanismo de acceso al poder para terminar en aquellos que creen en la potencia del movimiento indígena no sólo para descolonizar el territorio sino para convertir este Estado en otro Estado más cercano al Tawantinsuyo que uno de carácter plurinacional.
Y dentro de las izquierdas también hay quienes piensan que en Bolivia todo debe pasar por el tema de la clase y otros que se dan cuenta que ese es un error habida, pues Marx nunca pensó el tema indígena como tal. Otros aún creen en el partido como bloque de oposición a otra ideología construida en el tiempo que de momento podemos llamar “la derecha”. Y claro, dentro de los de izquierda también están aquellos que no creen más en el Estado ni en sus aparatos burocráticos y pretendes desbaratarlos desde dentro. Radicalizando de alguna forma los propios mecanismos de poder del Estado que se pretende destruir.
Y aquí se encuentra el meollo del problema, ¿Cómo se destruye un Estado desde el interior del mismo Estado? O ¿Cómo descolonizar al Estado con los mecanismos del Estado colonial y occidental? ¿Acaso la Asamblea Constituyente no es un mecanismo occidental de reforma constitucional? ¿Será suficiente tener un texto constitucional construido entre asambleístas y luego reformulado y negociado y aprobado bajo el esquema de la democracia pactada para iniciar el proceso de descolonización? Muchos dirán que antes de responder a éstas preguntas se debe verificar el principio de realidad. Es verdad, no es lo que deseamos, pero es lo que tenemos, es lo real antes que lo imaginario.
Al parecer lo que se viene no es una lucha de proyectos de país, sino una lucha de facciones que se quieren o pretenden adueñar del aparato estatal. La posibilidad es que sea un recambio de rosca, la vieja estructura con nuevas personas, la segunda opción es un anquilosamiento institucional y político en el tema de gestión, que los mecanismos institucionales sean tan fuertes como para no dejar que las personas con ánimos de cambio puedan hacer algo.
La tercera es que mientras se hace se deshace, poner en suspenso algunos poderes, reformular leyes, decretos y reglamentos mientras esas instituciones son reconstruidas y reorganizadas, organizar poderes transitorios, cuerpos colegiados que no permitan que se generen vacíos.
Lo que implica esto es que el proceso no está concluido, que no sólo ahora hay que gestionar y generar leyes, sino que de nuevo hay que atender al proceso más que al fin. Rescatar las voces discordantes porque también con ellas se construye Estado, las izquierdas no pueden darse el lujo de descalificar al otro porque estarían cometiendo el error que tanto han criticado. Y las ideologías indigenistas tuvieran que tener la capacidad para incluir de forma real a los que son diferentes a ellos.
Pensar el Estado en múltiples dimensiones y no circunscribirlo sólo al mundo rural o a un destino mesiánico como la reconstitución del Tawantinsuyu. Si la Asamblea Constituyente fracasó, aún las cosas se pueden modificar y construir bajo la idea de que es el soberano el último que decide hasta dónde puede llegar en las ansias de construir un nuevo entramado social y nuevas relaciones Estado-sociedad.
Las ideologías ya no deben ser impuestas de arriba hacia abajo, sino de abajo hacia arriba y, en ese sentido, es pertinente repensar el termino “ideología”.
Christian Jiménez
es cientista político.
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